martes 29 de septiembre de 2009
Maquilas de muerte en la frontera de cristal
(Las gallinas y el fin de la historia, 2005)
Las muertas de Juárez:
El estereotipo de la mexicana oprimida
Por Deisy Preciche
El análisis de las causas de la opresión de las mujeres constituye la base de cualquier evaluación de lo que habría que cambiar para alcanzar una sociedad sin jerarquía de géneros
Gayle Rubín en la “economía política” del sexo
El sesgo entre los sexos (género) fue implementado por la sociedad, sin embargo no todos los miembros de la sociedad imponen la delimitación de los roles sociales, sino sólo aquellos capaces de construir la realidad social, y para no descubrirme utópica, advierto que la realidad social actual la determinó la elitista moral dominante del sistema patriarcal, capitalista y tercer mundista del que nos han hecho parte como constructores de la realidad social mexicana. Aunque para Marx el género no fue muy significativo en la construcción del mapa del mundo social (Rubin, p. 18), la actualidad contrasta dicha exclusión de un elemento vitalicio para la continuidad del sistema capitalista. Si bien, tampoco las mujeres fungieron como constructoras de identidades sociales, sino como reproductoras de un sistema patriarcal, somos igualmente responsables de su establecimiento. Es precisamente la clase hegemónica, por medio de prácticas enculturizadoras, como la educación, la televisión abierta, o las políticas públicas, quienes se encargan de distribuir y regenerar patrones que diferencian tanto las clases, como los sexos. Por mucho tiempo se ha mantenido la idea de subordinación femenina por nuestra supuesta condición biológica inferior, prejuicio que deviene en la división sexo-género como constructo social. Dicha subyugación del sexo femenino se explica a partir de términos naturales y hasta inevitables contraponiéndose a las teorías evolutivas de la especie humana[1]. La mayoría de “las interpretaciones sobre el origen de la opresión de la mujer la ubicaban en la expresión máxima de la diferencia biológica: la maternidad” (p. 105). En la actualidad sabemos, o debemos saber, que “no hay comportamientos o características de personalidad exclusivas de un sexo. Ambos comparten rasgos y condiciones humanas” (p. 106). Con esto, confirmo que existen hombres y mujeres femeninas, y por ende, mujeres masculinas, tratando pues de enmarcar la diferencia entre el sexo (biológico) y el sexo implementado a partir de la cultura (los roles de género). A pesar que diversos estudios de género aluden a la guerra disfrazada de realidad contra la mujer moderna, los estereotipos de mujer están por todos lados y mujeres a las que seguramente queremos nos enseñan a repetir esquemas. Toda mujer que desencaja en el estereotipo definido por un sistema patriarcal-capitalista, como es el nuestro, es considerada una “mala mujer”, toda mujer fuera de la estética preconcebida resulta indebidamente enjuiciada, la que no es gorda, es inepta, y la que no es linda que se opere, como escuché decir a Galilea Montijo en la televisión abierta mexicana. Los estereotipos de la mujer como hija, madre o individuo, afectan directamente en el desarrollo de la mujer, como actor social, y ser,… naturalmente, y si aceptamos que ha sido la mujer quien educa a los hijos, entonces pues, hombres y mujeres estamos aceptando el rol social que se hereda y viviendo la falta de libertad, oprimidos por un sistema social obsoleto. En lo que todas las mujeres coincidimos según dicho sistema social es que naturalmente como mujeres somos incapaces de sobrevivir sin el hombre (del dominio del padre al del marido, y sino del amante en turno, pero nunca seres independientes económica, sexual y éticamente), paradójicamente ningún hombre puede parir. Esta condición de fuera de las reglas morales o fuera del orden sistémico es lo que condena a “la mala mujer” a padecer la violencia y a legitimar su condición de oprimida. "Cómo es que la percepción de las mujeres como subhumanas ha evolucionado de tal forma que la violencia y la explotación se vuelven hábitos en vez de crímenes" (Andrea Dworkin, citada en La Antropología del Feminicidio en Ciudad Juárez; Monárrez 2000).
A las mujeres se les persuade para que internalicen la amenaza de que no hay otra posibilidad. Las evidencias aparecen ante nuestros ojos. Las mujeres solas fuera del control patriarcal están inseguras y pueden terminar asesinadas (1987: 75-89). Y aunque sólo algunas mujeres son focalizadas como especialmente vulnerables, todas las mujeres deben interiorizar la amenaza. El mensaje de terrorismo sexual es para todas las mujeres, (Ibid: 118). Así, ante tales clases de asesinatos [ocurridos en el municipio de Juárez], las mujeres, post-mortem, son escrutinadas en su conducta, y se dice que han sido merecedoras de tal muerte, de acuerdo a la construcción idealizada de la conducta femenina. Esta política de exterminio de las mujeres tiene como finalidad controlar a todas las mujeres como clase sexual dominada y mantener el sistema patriarcal, por medio de la supremacía masculina. Radford y Russell (Op.cit., 14)[2].
No somos lo que creemos sino lo que vemos, eso es lo que le interesa al sistema capitalista, y no hombres y mujeres libres, independientes y conscientes de su condición humana. Los medios de comunicación distribuyen estereotipos que pueden asimilarse como verdaderos por ser estos los reproductores sociales por excelencia. Venimos de tiempos en los que la mujer no se preparaba para la vida, porque dependía siempre de un hombre, pero la realidad de la mexicana actual es muy otra, trabaja, estudia, compra, provee y aún así continúa reproduciendo lo que nos mata sin alcanzar la libertad plena del ser, el estereotipo de una mujer sumisa ante la realidad social destructiva, violenta, antinatural, subestimando las capacidades de liderazgo de la mujer, que por “naturaleza” es débil.
Los medios de comunicación de masas son reproductores del sistema social determinado por la élite, los traductores del mensaje (la/el receptor) son los reconstructores de aconteceres mediante el sistema cognitivo y el entorno en el que se desenvuelven. El propósito del investigador Manuel Martín Serrano, sobre La Producción Social de la Comunicación es observar cómo los productos comunicativos que se generan en el mundo modifican la postura del (la) individuo. Antideterminista, el también catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, busca conocer los puntos que trenzan a la comunicación y la sociedad. Analiza críticamente la visión pública del mundo y los agentes que se relacionan e influyen en el proceso comunicativo de un sistema social enmarcado por la comunicación masiva[3] y los paradigmas de interpretación que ésta suministra a los actores sociales. Sus estudios comprenden la valoración de la realidad y la práctica legitimada para actuar dentro ésta. Así que habría pues que analizar qué nos dicen los medios sobre el género y sus roles dentro de esta sociedad, para comprender por qué somos lo que somos, y hacemos lo que hacemos, y a su vez tener la oportunidad de romper el mito del género y evidenciar nuestra naturaleza como individuos que conforman la especie humana, como individuo, como mexicanos. Las canciones, las telenovelas, los mitos y leyendas, incluso Octavio Paz, en el laberinto de la soledad, distorsionan la imagen de la mujer como ser humano, condenándonos a ser la correcta o la perversa, en lugar de hacer uso de nuestra capacidad de analizar quiénes somos, y aprender a identificar la otredad, sin buscar los moldes de lo que debiese ser “el hombre y la mujer” a partir de lo que nos educaron a ser, la eterna lucha entre lo correcto y lo incorrecto. Los estereotipos de la mujer mexicana, la buena y la mala, aparecen como símbolos en todas partes, la virgen de Guadalupe, la Adelita, la malinche, Frida Kahlo. La mexicana como viva imagen del castigo de eva, como traidora, de naturaleza débil y condenada a la subyugación del hombre por sus pecados carnales, y a su vez todos los adanes condenados a necesitar de las evas para la trascendencia. Castigo que deviene en una guerra inútil entre los sexos que fue inventada hace mucho tiempo y en la que resultamos perdiendo todos, porque nuestra identidad como seres está basada en el sexo biológico y no en las necesidades personales. Los medios de comunicación cumplen el papel de difusor del acontecer, y tratándose de violencia en contra de la mujer (física y simbólica) ha etiquetado al sexo femenino como el sexo débil. “El manejar estereotipos evita que la sociedad tome la violencia masculina en contra de la mujer con la seriedad y la gravedad que el caso requiere” (Monárrez, 2000). El ser humano continuamente se crea imágenes o juicios de las cosas que reconoce, cree conocer o definitivamente ignora, por lo que debemos analizar lo que se ve, se dice, lo que pensamos, imaginamos, o creemos para poder romper el estereotipo de la mujer oprimida, construcción social basada en el mito de Eva y Adán, más que en la posición biológica evolutiva de nuestra especie. Las evidentes consecuencias de asumir la postura social nos han llevado al extremo de centenas de mujeres asesinadas impunemente y sin aparente causa en la frontera noreste de México, en Juárez se inventó el término feminicidio. De ahí que cada una de esas mujeres obtenga “su merecido”, sin el justo racionamiento personal, de la opinión pública o de la leyes, evidenciado la opresión de la mujer en esta sociedad por más de una década, a través de la prensa legitimada, por las madres de las victimas, las organizaciones no gubernamentales, el llanto de los huérfanos, los artistas y hasta en los corridos fronterizos[4]. La mujer a la cocina y el hombre que traiga el pan a la mesa no es precisamente ejemplo de nuestra realidad cotidiana, cientos de mujeres juegan un doble rol social, trayendo también “el pan a la mesa”, a parte pues, de cocinar y servirlo. “La comunicación pública a través de sus relatos, puede entonces, reproducir el sistema social o transformarlo, según reitere modelos axiológicos y comportamientos o los altere introduciendo nuevas pautas de valoración y acción frente a la realidad” (Serrano; 1987. p.49). Los prejuicios y estereotipos manejados en los medios deben tratarse con cuidado para no caer en el error de considerarlos verdaderos, sin la búsqueda de la comprobación, que nuestra naturaleza humana sugiere. Estereotipos disfrazados de caras conocidas en la televisión o en las revistas, impuestos por historias de malinches o las versiones de la iglesia católica, son la imagen de la mujer que se nos impone ser, y del que las mujeres hemos sido responsables de reproducir, como las típicas madres, o las hijas perfectas. Las abuelas abnegadas estuvieron ahí para recordarnos todo el tiempo que calladitas nos vemos más bonitas, la televisión , la escuela o las películas nos enseñaron que las niñas correctas usan falda y saben cuando y cómo cruzar las piernas. La intervención ética de los medios de comunicación debiera ser prioridad en las políticas femeninas, ya que la modificación de los roles sociales está en juego. Porque la responsabilidad de la transformación social es responsabilidad de todos los individuos que conforman una sociedad. “Las mujeres no se han afianzado en el poder y se está registrando un enorme retroceso, declaró la cronista Marcia Brandwynne” (Faludi; 1991, p. 448). La retrograda condición que afrontamos las mujeres es reproducida por el sistema machista del que somos parte. El sistema debe cambiar concluyendo en la equidad, sin condiciones, ni limitantes. Por el simple hecho de ser humano tendríamos que tener los mismos derechos, pues tenemos la misma responsabilidad social, mas las diferencias sexuales, reformuladas a partir del sistema patriarcal-capitalista, fomentan lo contrario. La mujer es mujer, la mujer es ser humano, femenina puede ser cualquiera que lo elija y no necesariamente debe ser mujer. La lucha de de la feminidad es contra el capitalismo, no contra los hombres. No hay competencia justa dentro de un sistema que minimiza a uno de los sexos, que nos limita a ser femeninos o masculinos dependiendo del sexo (fisiológico) que hayamos heredado. “En la actualidad, como dice Sullerot ‘es mucho más fácil modificar los hechos de la naturaleza que los de la cultura’. Es más fácil librar a la mujer de la necesidad ‘natural’ de amantar que conseguir que el marido se encargue de dar biberón (Lamas, p. 107). Un mundo que no fue pensado para las mujeres, no es ejemplo de nuestra presumida evolución como especie, un México donde un macho no puede llorar no es un mundo justo, tampoco para los hombres. El sesgo entre lo natural y lo cultural, lo femenino y lo masculino estereotipa las funciones sociales de sus actores, y nos limita a todos, hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, transgénero, jóvenes, norteños, mexicanos, hermafroditas, humanos en general. Se han establecido condiciones que “limitan las potencialidades humanas de las personas al estimular o reprimir los comportamientos en función de su adecuación al género” (Lamas, p. 114). Cada cultura ha establecido, de acuerdo a lo que considera la moral hegemónica, cuáles son las conductas sexuales aceptables, así como la asimilación y reproducción de dichos patrones sociales. El estereotipo de la mujer mexicana, oprimida, espejo de la determinación de la moral dominante es la imagen de la mujer que nos muestra la televisión, la iglesia, la prensa, la escuela, la amiga, la madre, la maestra, el padre, todos aquellos que conforman nuestro círculo de relaciones personales, que nos bombardean de información que no habla más que de lo que les conviene a unos pocos. La mujer que decide romper esas reglas es enjuiciada moralmente y si es un hombre que no gusta del estereotipo de mujer, es decir de una mujer que no sabe ser independiente, y atreviéndose ser femenino de pensamiento, palabra, obra u omisión, se sentencia como afeminado, sin entender que el género es independiente a la identidad sexual y desde luego a la preferencia sexual. A partir de la dicotomía sexo/género, se avala tanto la supremacía del hombre, como la subyugación de la mujer. El poder se construye mediante la aceptación de lo impuesto (por la élite burguesa) y de los efectos “independientes” (luchas de poder entre las clases) que se generan dentro de cada uno de los campos del sistema social (económico, político, sexual, artístico, etcétera). En un mismo tiempo y espacio pueden intercalar distintos tipos o sistemas de comunicación pública[5]; mas, sólo uno será el sistema dominante y si éste fuese desplazado, no desaparecerá sino que será complemento del sistema primordial. La función de la comunicación pública[6] es brindar a la sociedad la imagen justa del sistema social, por medio de la obligada integración entre la organización social, la información y la acción social y no debiera imponerse estereotipos que complacen y favorecen a unos cuántos en un país de millones de mexicanos.
Para lograr un verdadero cambio en el sistema social, hay que entender que la distinción sexual es producto de la interacción social, que la diferencia de géneros es consecuencia de un proceso cultural y moral que lleva al (a) individuo a la adquisición de la identidad sexual. Que somos libres de ser, sin etiquetas ni fronteras socioculturales. Debemos restablecer el sistema económico que acentúa y agrava las diferencias humanas para adquirir consciencia de nuestra condición como especie, de nuestro papel como actores sociales, pues todos somos parte de la realidad social, y por ende responsables de su funcionamiento y de su posible modificación. “la transformación de los hechos socioculturales resulta frecuentemente mucho más ardua que la de los hechos naturales; sin embargo, la ideología asimila lo biológico a lo inmutable y lo sociocultural a lo transformable” (Lamas, p. 107).
Si comprendemos nuestra posición como “la especie humana” la transformación de la realidad mexicana será posible. Una realidad violenta no favorece a nadie. La guerra es contra el sistema patriarcal capitalista, no contra los hombres, con o sin nombre. Si a Marx no le importó contemplar la importancia del género en la división de los roles sociales, no culpemos a la Iglesia católica por dejar fuera la historia de Lilith y si Darwin no tomó en cuenta el sexo para tratar la evolución de nuestra especie, ¿por qué entonces nos aferramos a creer que la mujer es oprimida por naturaleza?
Ciudad Juárez Chihuahua, Noviembre de 2006.
Referencias bibliográficas
Lamas, Marta, “La antropología feminista y la categoría de género”, en Debate Feminista.
Gayle, Rubin. “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, en Navarro y Stimpson, ¿Qué son los estudios de la mujeres? México, Fondo de cultura Económica, 1999.
Faludi, S. (1991) “Los salario de la reacción: sus repercusiones para las mujeres empleadas, en Reacción: la guerra no declarada contra la mujer moderna”, Barcelona.
Serrano, M. (1986). “La producción social de comunicación”. Alianza Editorial, Madrid.
Serrano, M. (1987). “La producción social de la comunicación”. Signo y pensamiento, 10, 48-57.
Máscaras, indulto y tentación me incitan a dejar lo que por tradición me condenan ser. El arrepentimiento cunde mis deseos. Todo lo que recuerdo es avaricia y obsesión ¡Las infinitas ganas de poder no va con la génesis de la mujer!, ¿Quién lo ha escrito si no él que le conviene? nosotras nomás lo repetimos.
El castigo divino se nos ha impuesto: ser lo que nos hiere. Aceptarlo es parte del epidémico delirio comunal. Buscamos entre reproches, muerte y olvido ¿Quién es Eva? Soy yo, todo el tiempo, ¡tantos años!Reniego de lo impuesto. Me desabrocho los lazos que detienen mis pasos, aún así la idea coquetea insistente. Mi mujer social no parece ser más fuerte que el resto de las mujeres que veo y no entiendo. Afortunadamente nuestros genes primitivos buscan salir de toda moralidad.
¿Por qué penar? Sabemos que reproducir el parentesco nos destruirá: la historia fue escrita por hombres y la cultura fundamentada en ésta. La sociedad está atrapada en sus redes moralistas, practicamos leyes sin intención de mejorar. La religión inserta sus dogmas como agujas que desinflan las consciencias y entumecen autoestimas.
Mujer, sexo débil. Llamarme así es basura mecánica, desecho de humano atolondrado que le teme al sacrilegio de cuestionar a un Dios que le fue impuesto.¿Por qué seguir siendo lo que nos dijeron ser? ¿Por qué no dejar libre al animal? Hombre o mujer, masculino o femenino, ¡qué más da! Si soy y dejo de ser. Sólo tengo que amar; amarte, amarnos, amarme... ser también animal. Unos cuantos sufren también su imposición, padecen ser un cazador sin dientes. Es tiempo de liberar y liberarlos, de ser y nada más, de entender que todo es cuestión de las putas carnes. Al fin de la historia sigo creyendo que la libertad radica en sabernos libres de clasificaciones, de mitos y verdades que se funden en la historia y se difunden en una rutina inventada donde el tiempo no es tiempo, sino oro.
El fin de la historia. Por DEisy Preciche.
[1] Los estudios de género desde la visión neofeminista argumentan mi aseveración, revisar a Martha Lamas en antropología feminista y la categoría de género para mayor precisión de palabra.
[2] Cita obtenida en el artículo La Cultura del Feminicidio en Ciudad Juárez publicado por el Colegio de la Frontera Norte (2000).
[3] La comunicación masiva se caracteriza por una gran infraestructura tecnológica y por un alto grado de mediación que frecuentemente se traduce en instituciones mediadoras independientes, encargadas de la censura o la distribución pre-elaborada. Más detalle en el artículo publicado en la revista Signo y Pensamiento ponencia de Angélica Samper, estudiante del énfasis en Comunicación y desarrollo sobre las charlas de Martín Serrano.
[4] Determinados tipos de canción popular mexicana como el corrido, el bolero o la ranchera son producto directo, junto con el arte y la literatura, de la creación del mito del mexicano, allá por los 30 y 40 del siglo XX, fruto de un esfuerzo intelectual y político que posteriormente la radio, el cine, la industria discográfica y la televisión se encargarán de fijar en la mentalidad popular, ayudados éstos por la expansión de la educación pública y la tradición de reproducir los roles sociales en el seno de la familia (Bartra, Ramírez, Motiváis, Pérez, en la canción popular mexicana: origen y funcionalidad).
[5] Sistemas subsidiarios y sistema de comunicación pública dominante.
[6] La comunicación pública es una actividad institucionalizada de mediación entre el sistema de referencia y el sistema cognitivo.
martes 11 de agosto de 2009
Anteproyecto, 13 de junio de 2008
Por Fernando Gómez y Deisy Preciche
Blanco, Negro, y Otros Opuestos
Justificación
Tratar los opuestos como concepto (contrarios) nos resulta obsoleto e innecesario. Al hurgar en los recuerdos “lo uno” (como concepto) existe, se reafirma e identifica a partir de “lo otro”. Nuestra percepción de los contrarios se compone mediante el complemento. Los ejemplos surgen a manera de prejuicio: el blanco y el negro; el bien y el mal; la realidad y la fantasía. Las vertientes primarias de los opuestos suceden dentro del marco cultural, los símbolos, los signos, la identidad: yo soy blanco, sólo si tú eres negro.
Descripción
La oposición parte de su contrario para definirse. Las imágenes del proyecto “Blanco, Negro, y Otros Opuestos” argumentaran nuestra concepción del tema desde de una serie de “opuestos” en tonos del blanco y el negro con elementos técnicos pluricromáticos. Por medio de la repetición, movimientos y sonido presentaremos nuestra definición del tema.
A la luz de la luna a Soledad le envejecen los ojos antes que las manos. Teje efusivamente y se detiene de vez en cuando para darle un sorbo a su bebida. La incesante lluvia de recuerdos, sus mecánicos movimientos arácnidos y el licor le abren las puertas al transe,…
El intrínseco desierto le produce estertores, el sudor le nubla la vista astigmática, la acosan sombras de buitres inexistentes, escucha sus propios pasos huir, se descubre caminando sobre rieles de tren, el trazo rígido divide el vasto paisaje. Avanza impaciente, se le parten los labios, padece escalofríos, las marcas del viento en la arena se retuercen como serpientes, brotan figuras humanas sembradas cual flores en la tierra, espejismos que desaparecen al paso, Soledad gira en su propio centro, la línea del horizonte se torna circunferencia, y en todas direcciones emergen las vías del tren debajo de sus pasos hasta desdibujarse en el inmenso círculo llano. Camina y a la ruta del tren la dibujan sus pasos, intenta desertar de las vías, pero desespera en el intento, donde quiera que vire las vías enmarcan la ruta. Respira agitadamente, cae, cierra los ojos.
Suspendida en el tiempo, con la boca seca y las manos frías, Soledad continúa tejiendo a contraluz de una ventana. Bebe y teje mecánicamente, se ausenta.
Abre los ojos en el desértico escenario, entre espejismos reconoce la última estación del viaje, un espejo. La imagen fría de la mujer grisácea aguarda para cobrar vida en el reflejo, resignada afronta aquel que hiere pero no miente, y la imagen develada le roba una impasible sonrisa: un cactus bajo un paraguas suspendido en el aire.
www.myspace.com/dientesafilados
www.myspace.com/condimentofuerte
Título de proyecto
La Chole
Responsables
Deisy Preciche Rocha (deisy.preciche@gmail.com)
Fernando Gómez Mancera (fernandogomezmancera@gmail.com)
Objetivo general
Exponer mediante la exploración audiovisual nuestra visión sobre la soledad, proponemos este fenómeno psicosocial como la oportunidad para indagar hasta dónde somos constructo social y cuánto sabemos de nosotros mismos.
Objetivo específico
Participar con nuestro trabajo en la exposición colectiva “Blanco y Negro, y otros opuestos”, resultado palpable del taller de producción visual dirigido por Jordi Boldó.
Descripción
DVD de Video digital en blanco y negro (y otros colores), con duración estimada de 3 minutos. Sinopsis: Soledad es una mujer solitaria, que bien pudiera tener 13 o 35 años, teje, teje y teje como evidencia de su existencia, la mezcla del licor y sus arácnidos movimientos evidencian su viaje interno, la reconciliación consigo misma sucede al encararse a si misma y su entorno.
…“Un fandango es la fiesta para bailar alrededor de una tarima, tratamos de agregarle estética propia, otro tipo de dinámica, se le pone el sazón con notas y otros tonos, música africana, reggae y jazz.,… básicamente el sonido se genera sin adornos, se entrega el corazón en el fandango generando un sonido propio, una identidad como jaraneros”. Ali, un jaranero.
San Miguel de Allende es lugar de encuentros. Casualidad o no, sucede que personajes históricos y anónimos llegan de todos lados ha sembrar un cambio de historia, a conocer este antiguo territorio chichimeca, a saberse jóvenes en comparación del Sabino de la Huerta, o el abuelo para los lugareños, muy cerca de donde presencié una de esas “causalidades”. Pablo Jaime, mi vecino, tiene por sueño conformar un Centro de Investigación Artística y un joven constructor y músico nato, le construye un curvilíneo espacio en su terreno. El sábado pasado se materializó el sueño grabando el primer disco de una banda que versa sones populares y de su autoría, y que combinan ritmos veracruzanos con música negra, de ahí que se autonombren, Semilla.
“Semi jah” fue la primera opción, mas, suponiendo bien que no todos estamos familiarizados con el código jamaiquino, lo tradujeron para que interpretáramos el significado en su música, mientras nos siembran ganas de saber más sobre su fandango. Versan historias populares fusionando una tradición antiquísima y sones propios, se brincan de arte en arte manteniendo la espontaneidad que los caracteriza. Los semilla radican en el DF, salvo Huicho, “otro jaranero”, que participa en un Centro Cultural de México en Santa Ana California, lugar donde reside. Coinciden en que lo más importante es saberse dentro del mismo sueño, ser una familia y difundir su palabra utilizando el fandango como medio, tradición milenaria que Ali, laudero de oficio, califica en estado de evolución. “,.. El son puede durar desde 10 minutos hasta toda la vida,… mientras haya bailadores y quien improvise versando, el fandango sigue, pues nos inspiran”.
Sonido orgánico, transgresores de fronteras, incipientes artistas, Juan, “el del arpa encantadora”, dedicó su tesis como ingeniero electricista al beneficio de la investigación ambiental. Sergio, “el del requinto” y César en el Marimbol, un instrumento de origen africano, conforman el grupo desde sus inicios, y comparten frutos con los más recientes integrantes, Eber Didier, que contrasta con los tonos graves de “la leona” y Óscar, “un grafitero con consciencia”, que toca la quijada, y el pandero, pero “como todos le hace a todos los instrumentos”.
Encontraron el espacio tranquilo para grabar sus sonidos en San Miguel de Allende, muy cerca del viejo árbol, invitados por juanito Jaime, editor del que será su primer disco e hijo músico de mi vecino soñador: “Hay también bailadores en los fandangos, pero tradicionalmente la mujer es la que lleva por instrumento su zapateado”, Lucía es la bailadora en Semilla… “Hay sones que se bailan en pareja, lo que mantenemos de la tradición jarocha es que sólo se acepta una pareja zapateando por tarima” y que todos los del grupo tienen voz y voto,… y que el público puede bailar como sea y cantar como pueda, pues para bailar la bamba sólo se necesita una poca de gracia.
Texto: Deisy Preciche/Fotografía: Fernando Gómez Mancera. Página 1-1. 11/08/2009
Contactos: deisy.preciche@gmail.com/fernandogomezmancera@gmail.com
